Cómo Dios te quiere prosperar

Cómo Dios te quiere prosperar

Escrito por - 5 de julio 2017


2 Corintios 10: 1-4

Los ministros de una congregación (de cualquiera de los 5 ministerios: pastoral, evangelístico, apostólico, profético o de maestro) fueron puestos por Dios para cuidar el pueblo de Dios, pero asimismo guiarlo, desarrollarlo, enseñarlo. Los ministros deben cuidar a los santos en una relación de paternidad. Algunos no lo entienden, pero Pablo lo pone así: “os ruego por la mansedumbre y ternura de Cristo” (verso 1). En esa ternura de ser hijos, hay una invitación a una relación con Dios y con los ministros. En esa relación de hijos Pablo dice, por favor aprendan a relacionares en la ternura y mansedumbre de Cristo.

El desarrollo de la plenitud de la iglesia no está en los dones, sino que está presente a través de la presencia de Dios que radica en la vida individual y colectiva de la iglesia. Es en amor en donde la iglesia es edificada, y donde la vida de los santos es prosperada. Las revelaciones, sabiduría, conocimiento y entendimiento, tienen el ingrediente principal del amor.  El amor es el detonador de toda gloria dentro de la iglesia.

Dice Pablo en el verso 3: Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne. Este verso hace referencia a la autoridad que Dios nos dio en las áreas de jurisdicción donde gobiernan los hijos de Dios. El rol de los ministros es que los creyentes alcancen la plenitud de lo que Dios determinó. Cuando los hijos entienden que para ejercer la autoridad no se puede militar según la carne, se comprende que no se pueden usar las artimañas de manipular emociones y sentimientos para que la gente cambie. Solo la verdad hace cambiar, y toda persona en autoridad, ya sea ministro, líder, o padre, necesita basarse en la verdad para hacer madurar, no basarse en la manipulación para lograrlo. Pablo entendió que no se necesitaba manipular ni infundir temor para que alguien aceptara y amara a Jesús. Amar a Jesús es una decisión personal, y ese amor no se puede forzar a través del miedo de ir al infierno.

Dios nos ha dado armas de milicia para vencer (verso 4). Son armas de justicia y poderosas para poder encaminar nuestras relaciones y nuestras vidas a la verdad de Dios. Una de las armas se encuentra en Efesios 6:10. No tenemos que caminar en nuestras fuerzas, sino en la fortaleza del Señor. En esa fuerza nada mengua, ni nuestra fe, ni nuestra autoridad, porque estamos tomados de la mano de Dios, y eso hace que nuestra naturaleza se llene de poder. Esto no se alcanza orando, sino que se logra clamando (Jer 33:3). La segunda arma que tenemos es la fe. Esta fe puede estar en todos nosotros pero no todos la escuchan. Santiago dice que tenemos 3 voces operando en nuestra mente: la terrenal, la diabólica y la de lo alto, o sea la que proviene de Dios (Stg 3:15). La voz del maligno siempre va a apelar a nuestra naturaleza carnal. En el mundo espiritual Satanás necesita la naturaleza carnal para empoderarse y engañar. Todo lo que es carne es donde la naturaleza diabólica se manifiesta. Mas en el espíritu, donde está la fe, se recibe la palabra y esa fe se conecta al Hijo de Dios. La fe se incrementa por el oír la Palabra de Dios, pero se activa en la proclamación de la Palabra. Al justo todo le irá bien (Is 3:10), y en esa convicción avanza. Su fe es su arma espiritual. Conectemos entonces esa fe con la fe del hijo de Dios.

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